miércoles, 15 de junio de 2011

¿Por qué se sorprenden?

Como era de esperar, luego del breve encuentro de Barack Obama con el pueblo de Puerto Rico, las acusaciones y recriminaciones por parte de aquellos que el día anterior alababan la "honesta" iniciativa del Presidente no se hicieron esperar ante la fugacidad de la visita del Primer Mandatario estadounidense. Muchos que habían planificado manifestaciones para presionar a que Obama entrara a la discusión del estatus se quedaron vestidos y alborotados.

Irónicamente, el sector más "afectado" con lo que el exgobernador Romero Barceló y el actual presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz tildaron como una "falta de respeto al pueblo de Puerto Rico" fue el estadista al darse cuenta de la visible indiferencia del Primer Mandatario estadounidense a sus intensos coqueteos públicos que intentaban atraer su atención.

Pero dentro de toda esa vorágine de emociones econtradas, el evento más destacado del corto recorrido de Obama por la zona metropolitana fue su inesperada parada en la panadería Kasalta de Ocean Park para almorzar con la aún más inesperada figura del senador Alejando García Padilla.

Pero resulta muy sorprendente la ingenuidad de figuras estrechamente relacionadas a la política local que encuentran inaudito que esta visita presidencial a la Isla haya tomado el giro que tomó.

Muchas cejas se levantaron al ver que el presidente de la nación más poderosa de la tierra prefiriera almorzar en un lugar público, sin la pomposidad protocolaria, con el candidato a la gobernación por el Partido Popular Democrático.

Y es incomprensible esta actitud a sabiendas de que ese gobernador que se suponía fuera el anfitrión de nuestro distingido visitante es a todas voces un Republicano (de clavo pasa'o) y despotricó públicamente en un sinnúmero de ocaciones contra Barack Obama durante la carrera por la presidencia en 2008 mostrando su claro apoyo a John McCain.

¿Por qué se sorprenden?

Creo que la acción de Obama demostró que es uno de los mejores estrategas políticos que ha tenido La Casa Blanca. Después de todo, el Presidente está tan conciente de la importancia del voto puertorriqueño en los Estados Unidos continentales que se tomó la molestia de incluir a la Isla en su "media tour" de recaudación de fondos para su campaña 2012.

Pero más claro aún es el hecho de que no debe caber la menor duda de que la aparición pública -brillantemente orquestada por el senador Eduardo Bhatia- con el senador Alejandro García Padilla, fue una manera sutil de decir "este es el hombre que quiero en Fortaleza el próximo cuatrienio". A buen entendedor pocas palabras bastan...decía mi papá.

A mi entender, y luego del controversial reporte del "Task Force" de Casa Blanca, el Estado Libre Asociado sigue siendo la alternativa más viable y conveniente para los Estados Unidos. Y claro que lo es, si fueron ellos quienes la impusieron en la Isla.

Pensar que los puertorriqueños fuimos los arquitectos de ese estatus político es restarle a los hechos históricos que muestran que en lo que respecta a los territorios estadounidenses, donde manda capitán no gobierna marinero. Pero más arrogante aún es pensar que nosotros decidiremos un destino político que, aunque nos concierne directamente, está estrechamente ligado a los intereses de ese país.

Las imágenes tienen un impacto inmesurable en la psiquis popular y definitivamente la ya famosa fotografía de un cándido Barack Obama almorzando un emparedado de media noche junto al senador García Padilla, envía un mensaje claro para los detractores del candidato PPD de que no deben subestimar ni al Senador ni al equipo de trabajo que se agrupa detrás de él.

Tampoco hay que ser un conocedor profundo de la política local para comprender que el tema del estatus es una piedra en el zapato del Congreso federal y que cualquier intento de los sectores anexionistas y separatistas por imponer y presionar para promover una resolución que haga escoger al pueblo entre independencia o estadidad no tendra ningún fruto ante los ojos de Washington.

Sin lugar a dudas, nuestra imagen frente al Congreso es de un pueblo brutalmente polarizado en el tema del estatus que nunca ha logrado consenso para resolver su dilema político. Más aún, las entrelíneas del reciente reporte del "Task Force" me hacen pensar que Estados Unidos nos considera inmaduros para lograr ya sea la independencia o la estadidad.

¿No será este un mensaje claro de que debemos echar a un lado el asunto del estatus y madurar como pueblo antes de pensar en resolver el estatus político de la isla?

Viendo la reacción del público presente durante el discurso de Obama en la Base Muñíz ante la magnética presencia de esta suerte de político/estrella de rock, no pude obviar sentir la sensación de que Puerto Rico actualmente carece de verdaderos líderes con el poder de ser figuras paternales que levanten nuestra decaída autoestima como pueblo. Y sin verdaderos líderes es imposible discernir por voluntad propia entre qué está bien y qué está mal.

Sea como sea, luego de la histórica visita del cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos a Puerto Rico no se sorpendan si emergen solo dos grandes ganadores: el senador y candidato a la gobernación por el PPD, Alejandro García Padilla y el empresario Jesús Herbón, dueño de la panadería Kasalta.

viernes, 11 de febrero de 2011

La lección de Egipto



Hoy, 11 de febrero de 2011, será un día que se recordará en la historia de la humanidad como el momento en que un pueblo, unido y hastiado, logró imponer su voluntad y deshacerse de un dictador financiado y amamantado por los grandes intereses de los burocratas capitalistas del mal llamado Primer Mundo.

Las manifestaciones masivas comenzaron sorpresivamente el pasado 25 de enero. Primero fue el Día de la Furia y luego la marcha de un millón de personas seguido por terribles demostraciones de represión y violencia en contra de los manifestantes.

El sabotaje descarado de las comunicaciones -incluyendo la Internet- por parte del Gobierno de Mubarak, fue una señal clara de una gestión totalitarista, respaldada desde la oscuridad por los Estados Unidos, que sentaría un precedente peligroso sobre un futuro que bien podría ser producto de la imaginación de George Orwell o Aldous Huxley.

Ya ha quedado claro que la democrácia moderna no es un sistema que resguarde los derechos de la mayoría sino los de los grandes intereses económicos de las potencias mundiales. Pero la lección ha sido clara y contundente: un pueblo es dueño absoluto de su destino y tiene el derecho fundamental de obligar a cualquier lider que atente contra los intereses de la mayoría a dimitir inmediatamente sea por la vía diplomática o por la más estridente desobediencia civil.

Las imagenes que comenzaron a llegar desde el medio día de hoy evocaban sentimientos poderosos de victoria y, sobretodo, esperanza. Ver ese abrumador despliege de amor por su país y orgullo de asumir la responsabilidad nacional, evocó imágenes nostálgicas de la caída de las dictaduras del Cono Sur y hasta la caída del muro de Berlín.

Pero un punto debe quedar totalmente claro: la opresión es opresión venga del sector que venga. Todo sistema de gobierno, sea de izquierda o de derecha, tiene como base fundamental en sus textos teóricos el respeto y la omnipotencia de la voluntad masiva. Cualquier atentado contra este sacramento debe ser arrancado de raíz y extirpado cual cáncer asesino.

Es muy probable que próximamente veamos como los burocratas de Washington comienzan a correr despavoridos frente a esta nueva amenaza que atenta en contra de sus intereses corporativos de ultramar y, como es usual, lograrán ofrecerle asilo político a este dictador y, quien sabe, hasta algún contrato de asesoría.

La pregunta de rigor sería: ¿aprenderemos la lección dada por el pueblo egipcio aquí en Puerto Rico? ¿Nos servirá de inspiración para comprender que el gobernar es un privilegio y no una posición adquirida por herencia divina?

Ya no es un mito ni una proposición ilusoria de idealismo social sino una total y concreta realidad. Los gobiernos y dictaduras totalitarias no son infalibles y pueden ser sacados de raíz una vez se convierten en sistemas obsoletos e inservibles para el pueblo trabajador.

Después de 30 años en el poder absoluto, el pueblo destronó de un solo zarpazo al régimen de Hosni Mubarak. Quizás este sea el momento de reflexionar y, en vez de ciegamente aceptar un papel secundario en la jerarquía del planeta, decidamos sacudirnos el polvo de la ignorancia de nuestras ropas y asumir la importantísima tarea de hacernos responsables de nuestros actos...así como lo decidió Egipto.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El crimen: la nueva revolución

Escuchando el debate sobre la situación actual en la Universidad de Puerto Rico no pude evitar sentirme entretenido por comentarios ingenuos de algunos estudiantes y sectores idealistas sobre la necesidad de desatar "la revolución".

Mi intensión dista mucho de un cinismo ideológico pero, seamos francos, el modelo de lo que hemos entendido por siglos que es "la revolución" actualmente dista mucho de la realidad imperial del capitalismo moderno y, más aún, de sistemas comunistas totalitarios.

Esa revolución politico-ideológica de la que se habla en los círculos en contra del imperialismo -sea de la denominación que sea- es simplemente un vago recuerdo histórico que ha quedado fulminantemente abatido por la estrategia del 20 por ciento de las personas privilegiadas que pertenecen al gran aparato corporativo que domina el planeta.

Esa "revolución" que ostenta liberar a las clases oprimidas del yugo mercantilista ha sido apaciguada con el enorme peso de la globalización liderada por los llamados países del "primer mundo". No obstante, ante la obstinación de ese 20 por ciento de dominar completamente lo que Noam Chomsky llamó "la aldea global" la simple y contundente ley de gravedad que sostiene las sociedades modernas posiblemente les tiene una pequeña sorpresa.

La "nueva revolución", el método práctico y más asequible de la mayoritaria población que vive dependiente y esclava de un sistema de comercio que sólo beneficia a ciertos países, está ligada estrechamente al elemento criminal.

No es ningún secreto que, por siglos, el sistema favorito de los imperios dominantes ha sido el estrangulamiento económico y, en el caso de los Estados Unidos, la adición del elemento de brutalidad y represión ideológica sirviendo así de modelo innevitable para el "tercer mundo" sobre una vía accesible para liberarse.

Ha sido visible en la interminable lista de antiguos aliados estadounidenses que utilizan sus recursos militares para luego desatar su furia en contra del imperio.

El mecanismo corporativo ha utilizado efectivamente la propaganda y el consumerismo como estrategia apaciguadora de aquellos que no tienen nada. Manipulando a su propia población con el poder adquisitivo y la inacable amenaza de una fuerza ideológica de grandes proporciones, estos países se aseguran de tener respaldo de la opinión pública.

Por otro lado, en los países menos privilegiados, que sirven como recursos de mano de obra y producción, la represión es el arma más efectiva. Primero, utilizando los recursos militares y políticos domésticos y, luego, en caso de no poder ejercer un dominio total, la intervención militar ultramarina con el sello de "intervención humanitaria" y una subsecuente dictadura de ultra derecha que resguarde sus intereses corporativos.

Sin embargo, el mismo bombardeo mediático que ostenta la dosilidad de estos países e intenta imponer el "status quo" capitalista en todo el planeta, ha abrumado a estas sociedades "menos desarrolladas" a tal grado que ha desatado una amplia simpatía por el crimen como vehículo de subversión.

Lo complicado del crimen -en todas sus formas- es que afecta a todos y en ese marco, nadie esta exento de su alcance. Inclusive, las marcadas diferencias sociales que cada vez se hacen más conspicuas en las naciones capitalistas-ligadas al exceso corporativo y a la falta de interés por brindar a los ciudadanos una mejor calidad de vida- ya está haciendo estragos en estas sociedades en la inconfundible forma del crimen.

Las estadísticas están ahí, visibles para todo el que quiera echarles un vistazo. La gran mayoría del planeta vive o en los límites de la pobreza o sumidos en ella. ¿Cómo se puede mantener este delicado desbalance sin desatar una suerte de guerra civil ligada a los elementos criminales?

Esta proposición ha sido más que clara en países como Brasil, Colombia, Somalia y otros que destinan sus recursos exclusivamente para el beneficio corportativo euro-americano.

La relación entre movimientos revolucionarios y, por ejemplo, el narcotráfico, no es casualidad sino más bien causalidad de este orden impuesto por los grandes imperios.

El crimen en este siglo será lo que la revolución bolchevique significó para el siglo 20. Un salvoconducto para que países hastiados de la esclavitud puedan tomar el control de su idiosincrasia sin tener que rendirle cuentas a poderes extranjeros que están ajenos a su realidad.

Pero, contrario a las revoluciones populares del siglo 20, el crimen no está ligado a ninguna agenda ideológica ni a un fin de emancipación alguna. El crimen es vil, totalitario, vicioso, asesino y responde sólo a los preceptos de adquisición para obtener poder y poder para dominar a los más débiles.

Este propuesto modelo de totalitarismo criminal haría ver la tiranía de Joseph Stalin como un paseo en el parque.

viernes, 8 de octubre de 2010

Legislar


Legislar es un privilegio. No es un derecho innato que aquellos hijos de la clase alta heredan por causa natural ni el premio de caciques de barrio que anhelan los faranduléos inútiles de la vida pública.

Debemos recordar que vivimos en un sistema que aún se jacta de ser democrático -o por lo menos así nos lo venden cada cuatro años.

En un sistema tal, los líderes son escogidos por el pueblo por medio del mecanismo de sufragio electoral para convertirse, entonces, en servidores públicos que trabajarán a favor del bien común. Después de todo, la Democracia, en palabras de Abraham Lincoln, es un gobierno, del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Desgraciadamente, aquí en Puerto Rico nuestra naturaleza sectaria, apática y recalcitrante nos ha hecho aceptar la desvirtualización del significado del verbo legislar a manos de un grupúsculo de payasos despojados de sentido común. Hemos sucumbido ante el jueguito político partidista que desarticula el verdadero poderío de un pueblo votante.

Los recientes incidentes donde legisladores -y otras especies de servidores públicos- se han visto involucrados en escándalos de extorción, fraude, narcotráfico, uso de drogas, pedofília y hasta de presunto asesinato, es prueba fehaciente de que algo anda conspicuamente mal en la política puertorriqueña.

La ya trillada amenaza vox pópuli de que "pasarán la cuenta en las próximas elecciones" se ha convertido en una broma inservible que sólo entretiene al señalado.

No hacen demasiados años atrás, los políticos en Puerto Rico se destacaban por su intelecto, respeto y rectitud. Poetas, escritores, dramaturgos y toda una variedad de pensadores conformaban los cuerpos legislativos junto a, claro está, los compulsorios abogados y doctores. Pero, ¿qué pasó con este perfíl del político? ¿En qué momento liderar a un país se convirtió en un juego? ¿En qué punto de nuestra historia se desvirtuó la figura del político a un mero joglar de feria feudalista?

Los lideres políticos que con pública arrogancia irrespetan los preceptos básicos del sistema democrático que se supone defiendan, jamás serán destronados mediante comicios electorales. Hace falta mucho más.

sábado, 11 de septiembre de 2010

No han aprendido absolutamente nada

Un compañero de trabajo hizo un comentario muy sabio: Estados Unidos no estaba preparado para los cambios sociales que un presidente negro traía consigo.

Esas palabras retumbaron en mi cerebro con gran elocuencia y lograron detenerme en la faena diaria para analizar semejante aceveración.

Juzgando por la actitud de gran parte de la opinión pública estadounidense, parece ser que no esperaban un líder unificador que mejorara las condiciones de vida en el País sino otro mercader de conflictos bélicos que los llevara de la mano a un apocalipsis prematuro.

Y si le echamos un vistazo a la historia moderna de la autoproclamada nación más poderosa del planeta, veremos que aún luego de la guerra fría, la lucha por los derechos civiles y la guerra de Vietnam. Aún después de los "reaganomics" y el escándalo Irán-Contras. Aún luego del ataque terrorista del 2001 y la subsecuente debacle económica. Todavía escuchamos un discurso masivo de imposición y superioridad ideológica, como si esa fuera la solución a todos los problemas de la humanidad.

La arrogancia y prepotencia parecen no tener límites cuando vemos a un Terry Jones promoviendo un evento multitudinario para quemar el Corán en conmemoración de los nueve años del ataque terrorista a las Torres Gemelas.

Pareciera ser que, luego de esta dura lección, aún no han aprendido absolutamente nada sobre lo que significa convivir en este pequeño planeta. Parecen no haber entendido que Estados Unidos no está por encima del mundo, son parte de él.
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No obstante, la historia es clara y nos muestra que los Estados Unidos de Norteamérica, desde el principio, quizo establecerce como una potencia fundada en segregación y persecución donde el Gobierno y la Corporación estarían por encima de los intereses ciudadanos.
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Desde el tiempo en que apenas eran 13 colonias, ya se oponian tenazmente a la convivencia pacífica que proponía la Línea de Proclamación Real de 1763 -frontera que impuso el imperio británico para respetar y mantener el comercio con las tribus indígenas que colindaban con éstas.
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Luego, a principios del siglo 19, la adopción de la Doctrina Monroe como justificación para su imperialismo expansionista cristalizó sus intenciones hasta los tiempos modernos.
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Finalmente ocurrió lo impensable: un hombre de evidente raza negra logró la presidencia del país. Luego de dos nefastos cuatrienios de la administración más inepta en la historia de la Casa Blanca, un rayo de luz apareció al final del tunel mediante la elección de un presidente no caucásico, en la truculenta historia de un país que, según palabras de Condoleeza Rice, "nació con el defecto congénito del racismo".
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Sin embargo, su gobierno fue criticado desde el principio y sus propuestas de socialización de los servicios médicos y el rechazo de ventajas impositivas a los sectores más pudientes del País le han ganado enemigos inclusive entre sus correligionarios.
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El discurso de tolerancia y aceptación; de convivencia pacífica entre las innumerable nacionalidades que comprenden el home of the free and land of the brave, parece crear ronchas entre los sectores más conservadores que aún ven al País dividido entre Yanquis y Confederados.

Barak Obama ha sido contundentemente inclusivo y conciliador, proponiendo una reforma del sistema social para asistir a los 39.5 millones de habitantes que, según el Buró Federal del censo, viven por debajo del nivel de pobreza en una nación que se jacta de su poderío económico.

Hoy día, detractores de la Administración Obama lo acusan de querer "europanizar" a Estados Unidos con su modelo de justicia social. Pero, ¿qué hay de malo en eso?

Asimismo, la cautela y prudencia del Presidente en asuntos de política exterior ha sido malinterpretada como debilidad ante un País acostumbrado a la brutalidad y la agresión.
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Entonces, ¿qué es lo que quieren los estadounidenses? ¿Otro traficante de guerras internacionales? ¿Otro presidente corporativo que resguarde los intereses de los más poderosos? -
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De hecho, la predicción de una apoteósica victoria republicana en el Congreso este año y en la presidencia en el 2012 podría significar el retorno a una era oscura de guerra y atraso intelectual en la nación que, desgraciadamente, rige la pauta de todo lo que acontese en el planeta.
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Ayer fue Irak, hoy Afganistan y mañana posiblemente Irán. ¿Es que no han aprendido absolutamente nada?

lunes, 23 de agosto de 2010

Escuchando a Ginastera

Me levanto calmadamente como hago casi todos los sábados. Abro las ventanas y siento la fresca brisa de la mañana que inunda toda la casa. Me apresto a escuchar la hermosa disonancia construída por la vorágine urbana que proviene de un territorio más allá de mis dominios.

Esos sonidos me hacen pensar en Alberto Ginastera, el compositor argentino. Pienso en su concierto para piano números uno y dos, una de mis piezas clásicas favoritas. Alcanzo mi reproductor de eme pe tres y comienzo a escuchar ese magnífico trabajo de arquitectura sonora para comenzar un día que promete ser bastante productivo. Me dispongo a abordar mi faena con mucho optimismo.

Opus 28, número uno: Cadenza e varianti. La introducción. Dramática y conflictiva. El contundente piano de De Marinis cabalgando escalas de altos a bajos por todo el pentagrama.

Me detengo en la intersección a esperar el cambio de luz. Miro alrededor y veo un deambulante en cada semáforo; esos vegetales humanos que decidieron en algún momento desconectarse del mundo real y, con la ayuda del Gobierno, dedicarse a una vida de ocio e improductividad, reafirmada por la epidemia de la drogadicción.

Uno de ellos se acerca a la ventana de mi auto y, mostrándo una despiadada herida en carne viva que decora su pierna derecha, me extiende la mano para recibir la tan anhelada cooperación que promueva su “cura”. Desde mi burbuja automotriz le dejo saber con otro gesto que no tengo dinero. Molesto, comienza a agitar sus manos de manera amenazante y a gritar palabras –presumiblemente soeces- que no puedo alcanzar a escuchar. Luego, se mueve hacia el carro que espera detrás del mío y procede con su deliberado y bien practicado ritual.

Veo el decaimiento y la ansiedad.

Opus 28, número dos: Scherzo Allucinante. Sutil y etéreo. Poco a poco se siente la orquesta reverberando sutilmente hacia la entrada del piano que juguetea coqueto con las texturas sonoras que lo acompañan.

Me dispongo a salir hacia la avenida principal que discurre frente a mi urbanización y, de repente, como un celaje, se me abalanza otro automóvil que no respeta la señal de alto. Tuve que maniobrar rápidamente para evitar una colisión. Miro y sí, correctamente, yo tengo el derecho al paso; la luz está a mi favor. Me fijo dentro del lujoso auto europeo y veo a un señor sesentón que articula con sus manos mil y un gestos de desprecio; como si hubiera sido yo el culpable del casi nefasto encuentro.

Huelo la desesperación y la agresividad.

Opus 28, número tres: Adagissimo. Un violín solitario entra a la escena musical mientras que, nuevamente, se fermenta una melodía en el fondo. La orquesta entra con toda su fuerza para dar paso a la cabalgata orquestal.

Llego a la gasolinera. Pienso que es un lugar más seguro que las abominables carreteras de nuestro inestable país. Me estaciono en la bomba número siete y me dirijo hacia la caja registradora para pagar y llenar el tanque de gasolina de mi auto.

Detrás del mostrador, una joven de unos 25 años. Prendada con gruesas pulseras de oro y pantallas gigantescas –el proverbial bling bling de nuestros tiempos- que hacían juego con sus uñas de casi seis pulgadas de largo, decoradas con los más intrincados diseños orientales, habla por su celular mientras mastica vehementemente su goma de mascar.
La línea de clientes se hace más larga a medida que pasan los minutos y la incomodidad de los parroquianos se hace evidente.

-Permiso, tenemos un poquito de prisa. ¿Podrías colgar el telefonito y atendernos?-
Esboza la más atrevida y audaz de las clientas.

Con una mirada de displicencia y odio, la joven procede a despedirse con toda calma de su interlocutor no sin antes hacerle la salvedad de que "ya empezaron a joder los clientes". Con exacerbante lentitud continúa con su faena.

Siento la arrogancia y la apatía.

Opus 28, número cuatro: Toccata concertanta. Los instrumentos de viento anuncian la entrada de la nerviosa melodía que se convierte en una marcha de inmensurable complejidad como sólo Ginastera sabe hacerlo.

Me dispongo a aprovechar el día para comprar provisiones. Un simple viaje, que promete ser un menester tan sencillo como visitar el súpermercado para comprar víveres, se convirte en una terrible visita hasta las abismales profundidades del mismísimo infierno de Dante.

Al llegar al estacionamiento, me dispongo a esperar mi turno por un automóvil que hace su salida. De repente, una camioneta entra como un bólido y se apodera de ese espacio. Me quedo petrificado. Del demacrado vehículo sale una mujer regordeta con cinco pequeños que me mira de mala gana y entra rápidamente al mercado.

Respiro hondo y entro. El ambiente en el establecimiento es tenso. Las personas se notan inquietas y sumamente irritables. Los carritos navegan raudos y amenazantes por los pasillos. Una señora, de aparente estatus social, empuja apresurada su carro de compras atentando contra el paso de unos niños que, a gritos y sin restricciones, entran al mercado asechando todo lo que encuentran a su paso. Otras dos “damas” discuten acaloradamente en una de las cajas de pago, tratando de deliberar quién robó el turno de quién mientras la dependiente mira entretenida por el espectáculo.

Varias ancianas arremeten contra mí, despavoridas y con una prisa que no comprendo. Me detengo frente a la sección de la pasta, me dispongo a agarrar una caja de rotini. De pronto, un hombre viejo se interpone entre la góndola y este asustado narrador estacianándose frente a mí sin remordimiento alguno, impidiendo el proceso que me disponía a ejecutar.

Logro sobrevivir la odisea. Al salir, veo tres carritos aglomerados frente a mi auto que está estacionado a sólo dos espacios del santo lugar dispuesto para la acumulación de esos artefactos posmodernistas.

Percibo la rabia y la depresión.

Entro totalmente espantado a mi automóvil . Miro la pantalla del reproductor de eme pe tres y me percato de que aún faltas cinco movimientos de la obra por escuchar. De un zarpazo me quito los audífonos y me doy cuenta que realmente, en este país no se puede vivir escuchando a Ginastera.

lunes, 9 de agosto de 2010

Violencia




El término violencia proviene del vocablo latino violentia que no es más que un comportamiento deliberado que causa daño físico o mental a otro individuo. A su vez, según el concepto del triángulo de la violencia, introducido por el politólogo noruego Johan Galtung, ésta se puede exteriorizar tanto física como mentalmente. O sea, la violencia usualmente tiene connotaciones físicas pero también puede tenerlas mentales y, de igual forma, causar gran daño.

Aquí en Puerto Rico, en años recientes, el entorno social ha sido sacudido por una ola de violencia con proporciones épicas. La violencia criminal, la doméstica, la mediática, la política y la corporativa son sólo algunas de las diferentes facetas que la agresión ha tomado en la Isla, tanto física como mentalmente.

Pero casi nunca relacionamos la violencia con un concepto intocable e inalterable para nosotros: la religión. Ese inevitable fundamentalismo, espina dorsal del culto religioso, que actúa como catalítico para hacer girar la rueda de la agresión.

Desde que la humanidad se aglomeró en tiempos prehistóricos como una sociedad, las creencias religiosas -o fe, como muchos prefieren llamarla- han sido la principal causa de conflictos bélicos entre los humanos que habitamos el planeta. Los 600 años del Santo Oficio de la iglesia Católica y la inconclusa rivalidad entre árabes y judíos, son sólo dos ínfimos ejemplos del potencial destructivo que tiene la fe.

Puerto Rico es un oasis fértil para la proliferación de un sinnúmero de cepas de este germen infeccioso de la religión. Sólo échele un vistazo a cualquier comunidad del País y verá cuántas iglesias hay. De hecho, existen más templos e iglesias por milla cuadrada en Puerto Rico que escuelas y hospitales combinados. Una receta para un definitivo colapso social.

La religión se ha convertido en el refugio de los desamparados sociales que moldean sus valores y sus estilos de vida según una doctrina que promete vida eterna a aquel que sufre. O sea, mientras más pesares, más será la oportunidad de entrar en el reino de los cielos. Increíblemente conveniente para un sociedad donde el más rico y poderoso domina al más pobre y desamparado.

A su vez, la religión es un negocio lucrativo para un puñado de mercaderes de la fe que se lucran de la ingenuidad de los que creen que el éxito en la vida estriba en esperar a que el maná caiga del cielo.

Con la bendición de la clase dominante, estos mercaderes han invadido todas las estratas sociales y hasta las instituciones gubernamentales antes reservadas para individuos con una alta capacidad analítica. La división entre Iglesia y Estado –fundamental en el ejercicio de la democracia- es apenas un espejismo cada vez más lejano ante la imposición de valores por parte de las instituciones religiosas.

¿Cómo podemos justificar el rendirnos totalmente ante un individuo que se autodenomina como guía y nos obliga a someter hasta nuestra más pequeña voluntad ante sus preceptos? ¿Qué mayor muestra de violencia que crear rangos entre los seres humanos donde unos son más importantes que otros?

La religión se nutre de la autoestima de las personas, la consume y deja en su lugar un vacío que se disfraza de victoria espiritual. Fomenta el conformismo, la enajenación y la ignorancia. La razón de ser de cualquier culto es mantener el dominio del ser humano. Es la maquinaria con que el status quo mantiene su poder sobre las masas. ¿Por qué creen que lo primero que hicieron los conquistadores de América fue adoctrinar a los nativos?

Pero me pregunto, ¿cuál es la razón de ser de la religión? ¿Lograr la pureza del alma? ¿Comunicación con un o unos seres superiores que nos llenarán de paz y amor? Si es así, ¿por qué entonces parece haber cada vez más violencia en un país repleto de iglesias?

La proliferación de pseudo profetas de hasta las más descabelladas doctrinas religiosas, han colmado la sanidad de la población sumiéndola en un estupor de ignorancia que hace más pobre al que no tiene casi nada y más poderosos a aquellos que controlan las reglas del juego.

Sólo basta con escuchar la retórica incendiaria de algunos predicadores que incitan a sus feligreses a obedecer exclusivamente los preceptos “cristianos” que, del mismo modo, ellos manipulan a su conveniencia. Verán como el comportamiento de quienes digieren este mensaje venenoso se vuelve recalcitrante y se enajena de la realidad social, desobedeciendo hasta los más simples estatutos de las leyes que nos rigen.

¿Cómo podemos explicar que grupos tan radicales y descabellados como el del autodenominado Jesucristo Hombre, la cientología y los Raelianos puedan tener cientos, si no miles, de seguidores? Escuche las propuestas que tanto estos cultos extremos como los más tradicionales muestran a sus feligreses. Analícelas y piense si realmente tienen una lógica.

La religión, lejos de ser una fuente de espiritualidad y sabiduría, se ha convertido en un proceso de alienación que desemboca en actos violentos por su misma naturaleza restrictiva.

Mire la violencia con que estas mismas personas, que actúan mansos y humildes en sus círculos sociales, actúan al interactuar con aquellos que no pertenecen a su entorno. Échele un vistazo a toda la xenofobia, el odio, la homofobia, el fanatismo político y la agresión ciudadana implícitas en las prédicas de las iglesias del País. ¿Dónde queda entonces el amaos los unos a los otros o el amarás a tu prójimo como a ti mismo?

No, no es dios.

Es el aparato que el ser humano creó alrededor de esa imagen y que bautizó con el nombre de iglesia. Ese club social que sirve más a los intereses de su junta de líderes que a las necesidades del pueblo. Ese mecanismo que socava la sed de conocimiento del ser humano y lo sume en un letargo de ignorancia con la promesa de vida eterna. Esa pseudo sociedad que justifica los más crueles actos de intolerancia con el pretexto de que es parte del mandato de dios. Esa que obliga a ser pobres a los feligreses para asegurar su entrada al cielo, sin embargo hace ricos a quienes predican esta doctrina.

Paradójico, ¿no?

Esa institución es parte del gran problema de violencia social que nos arropa. Un pueblo culto es un pueblo racional y una población racional puede discernir con más certeza entre el bien y el mal. No podemos pretender que orando se resuelvan los graves problemas sociales que nos aquejan. Necesitamos acción, no mancedumbre.

¿No será hora de que entendamos que los cambios comienzan con nosotros mismos y no por obra y gracia de algún poder superior?